La autoestima en la familia

Como padres podemos desarrollar rutinas y actividades que favorezcan la autoestima de nuestros hijos. Compartimos una capacitación donde encontrarán principios bíblicos y estrategias prácticas para influir en la autoestima de sus hijos.

La autoestima está conformada por las apreciaciones, sensaciones y percepciones que una persona tiene sobre sí misma. En síntesis: es la capacidad que tenemos de valorarnos por ser quienes somos. Un individuo con sana autoestima no se sobrevalora ni se siente superior a nadie, sino que puede distinguir cuáles son sus fortalezas y cuáles sus debilidades; es decir, aprende a aceptarse con sus defectos y virtudes.Una persona con sana autoestima estará mejor parada al momento de enfrentar las diferentes situaciones desfavorables que se le presenten a lo largo de su vida.
Por tal motivo, es fundamental comenzar a trabajar sobre la autoestima desde que somos muy pequeños para que esto sea un pilar en nuestra edad adulta.

Esto es algo dinámico, va cambiando de acuerdo a las vivencias que vamos atravesando o qué tipo de valoraciones y pensamientos tenemos sobre nosotros mismos.

¿Cómo se forma la autoestima?

La autoestima se va desarrollando a lo largo de la vida; pero la infancia y la adolescencia son etapas muy importantes, ya que durante estos años va tomando forma la imagen que tenemos de nosotros mismos.

En los niños pequeños, la autoestima comienza a formarse de acuerdo a lo que dice la familia, maestros o gente cercana: ¡qué inteligente eres! ¡tú no sabes nada! De esta manera, en el niño comienzan a originarse ciertas creencias sobre sí mismo que se van arraigando en su mente y en su corazón. Él recibe estos mensajes, e inconscientemente se autocoloca etiquetas, comparándose con otros e intentando cumplir las expectativas de los demás a cualquier costo. Limitando, por otra parte, sus potencialidades y capacidades.  

Si como papás no reconocemos sus habilidades y fortalezas, nuestros hijos terminarán creyendo que estos no existen.    

Es en la preadolescencia, entre los 9 y 13 años, que los cambios físicos y psíquicos que el niño va atravesando son percibidos por la familia también. En esta etapa es fundamental seguir construyendo el vínculo que tenemos con nuestros hijos, comprendiendo estos cambios que se dan tanto en el plano físico como emocional y es tan diferente en cada chico.  Esos cambios son constantes y van a repercutir en todos los aspectos de su vida. Aceptar los cambios que se van observando en su cuerpo va a ser algo muy importante en la conformación de su autoestima.

Por esto, ante esos cambios físicos o anímicos es crucial que la familia lo acompañe sin gritos, sin burlas; sino por el contrario, mostrarse afectuoso, con mucha paciencia fomentando siempre la comunicación y el diálogo manifestándole nuestra comprensión por lo que está vivenciando. De esta manera aprenderán a expresar sentimientos.

Es una excelente oportunidad para acercarnos a sus intereses y gustos. Podemos ir de compras con él o ella, practicar juntos algún deporte durante el finde o mirar una serie o película que le guste.

Por su parte, el adolescente comienza a sentir de forma más intensa y empieza a definir quién es; evaluando permanentemente a la persona en la que se está convirtiendo confrontándola con el ideal que quiere alcanzar.LOS ASPECTOS QUE MÁS PUEDEN AFECTAR LA AUTOESTIMA EN LOS NIÑOS SON:– FORMAS DE CRIANZA SOBREPROTECTORA: En esta clase de crianza, los papás no favorecen la autonomía ni la confianza en sí mismo. Se genera una gran dependencia hacia los padres y crecen con un alto nivel de inseguridad.- FORMAS DE CRIANZA AUTORITARIA: En este tipo de crianza, los papás hacen todo por el niño y eligen todo por él. El niño crece con la sensación de temor a equivocarse y recibir un castigo por eso.

– FAMILIA CON BAJA AUTOESTIMA: Para nuestros hijos, somos su modelo a imitar. Si crecen en un ambiente en el cual se sienten poco amados, o no creen en ellos mismos como personas, padres o trabajadores, esto mismo es lo que ellos aprenderán.

– NO MOSTRAR AFECTOS EN EL SENO FAMILIAR: Si bien la muestra más tangible de afecto son los besos o los abrazos, sabemos que el cariño es mucho más que esto. El niño crece sintiéndose amado cuando se siente aceptado, felicitado por los pequeños o grandes logros que va alcanzando, animado a superarse… Cuando no existen las comparaciones con los otros, y no se le colocan etiquetas; sino que se siente acompañado en la resolución de conflictos.

– EXPERIENCIAS NEGATIVAS  DE VIDA: El maltrato en cualquiera de sus formas (verbal, físico, psicológico, bullying, etc) son mayormente las vivencias en que los niños pueden comenzar a desarrollar una baja autoestima. Los demás ponen etiquetas tan dañinas que la persona termina por creerlas.ALERTAS DE UNA BAJA AUTOESTIMALos niños o niñas con baja autoestima se caracterizan por tener:

Actitud negativa y pesimista
Se desaniman con facilidad. Sólo ven el lado negativo de los acontecimientos y no disfrutan de las cosas lindas. Abandonan a la más mínima dificultad. Tienen altas expectativas y ven que no pueden lograr nada. Se desmoralizan fácilmente.

Alto nivel de dependencia
Tomar decisiones es un gran obstáculo para ellos. Consultan permanentemente a fin de chequear lo correcto. Tienen gran temor al fracaso, son perfeccionistas y buscan agradar siempre a los demás.

Miedos
Tienen muchos miedos: miedo al rechazo, a quedar en ridículo, a no ser apreciado o valorado o miedo a nuevos desafíos.

Muy autocríticos
Se comparan con otros niños y siempre salen perjudicados. No pueden ver sus fortalezas.
Algunos ideas que nos podrán ayudar a mejorar nuestra autoestima:

  1. – Tengamos buenos pensamientos sobre nosotros mismos.
  2. – Identifiquemos qué podemos modificar y qué no.
  3. – Establezcamos metas y celebremos los mínimos logros. “Lo mínimo es lo máximo”. 
  4. – Identifiquemos las cosas que nos hacen bien. Hacer 5 minutos más por día  de estas cosas (pueden ser hobbies, actividades, una caminata, hablar con un amigo, etc)  y 5 minutos menos por día de las cosas que no me hacen bien.
  5. – Consideremos al error como un maestro que nos enseña, en lugar de un verdugo que nos acusa. El error es una gran oportunidad para aprender!
  6. – Incursionemos en cosas nuevas y distintas.
  7. – El dar y recibir es un mecanismo excelente para mejorar nuestra autoestima.

La sana autoestima es incondicional

  1. Cuando la autoestima está condicionada a los logros o a la aceptación de los otros no es una verdadera autoestima. 
  2. Es muy bueno mejorar y superar las dificultades, pero esto no debe ser algo imprescindible para sentirnos bien con nosotros mismos.

En las familias que se desarrollan con una Autoestima sana, las reglas están claras, sus integrantes las adoptan como guía para la vida y están dispuestos a  a modificarlas en el caso que lo crean conveniente. Hay disposición a buscar lo que conviene a las necesidades de todo el grupo.

La comunicación es muy buena; todos sus integrantes expresan los sentimientos naturalmente, sin el miedo a ser juzgados, ni criticados, ni castigados.  La relación está cimentada en el amor y el respeto mutuos; expresan emociones libremente. En la familia con sana auotestima, los integrantes se preocupan por comprender las diferentes necesidades, situaciones y emociones diversas por las que atraviesan todos sus miembros, los cuales se benefician, aprenden y se desarrollan a través del apoyo mutuo. La manera de comportamiento de esta tipo de familia es muy nutritiva.

Por el contrario, las familias con baja Autoestima se caracterizan por la ausencia de reglas, y si estas existiesen se presentan confusas y contradictorias. Hacen lo que se ha hecho siempre, repitiendo modelos aceptados generacionalmente como una obligación a cumplir sin tomar en cuenta si se trata de satisfacer las necesidades del grupo. 

No existen roles definidos; cada cual actúa de acuerdo de cómo se siente. En la toma de decisiones, uno desautoriza al otro. Los hermanos mayores corrigen a  los menores, en lugar de los padres asumir este rol, por ejemplo.

La comunicación es caótica y las interacciones se realizan desde el poder, lo cual origina vínculos perversos en los que cada uno presiona al otro para  asegurarse atención y estímulos.  No hay objetivos familiares. Sus integrantes terminan dolidos y desalentados y suelen abrazar la mentira.

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